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Claves para entender los retos del sector cultural desde el día después del cese del confinamiento

Las industrias culturales ante el reto de sobrevivir

(Parte 2)

Nadie duda que la economía española (y mundial) está contagiada con el virus de la recesión. La declaración del estado de alarma, necesaria para evitar una mayor propagación del coronavirus, ha hecho que buena parte de la actividad productiva entrara en estado de hibernación. El impacto de esta situación -sin fecha de caducidad próxima- aún está por medirse, aunque ya hay predicciones sobre la materia. El Fondo Monetario Internacional (FMI) ha actualizado el martes 20 de abril sus estimaciones macroeconómicas para España y las ha empeorado de forma significativa como resultado del impacto del Covid-19, de forma que ahora espera que cierre 2020 con un paro del 20,8% y una caída del producto interior bruto (PIB) del 8%. Este último dato es el peor desde la Guerra Civil en los años 30.

El sector cultural incluso empezó a apagar sus motores convencionales antes de dictarse la medida gubernamental. Para el 14 de marzo, lo quedaba aún activo, fue suspendido por decreto. La actividad transmutó del ámbito físico al online, pero su capacidad de generar facturación e ingresos quedó muy mermada. Su potencial de reactivación inmediata es menor que la de otras áreas, por las oportunidades para generar valor agregado seguramente se desplomarán este año. Como muestra, las cifras facilitadas por la Asociación Estatal de Cine, que ubicaban en 23% la caída en la taquilla de las salas de proyección para el primer trimestre, dura cifra que sólo tomaba en cuenta un primer período de confinamiento (14 al 31 de marzo).

A partir de este contexto, trataremos de construir tendencias para lo que podría ser el futuro de la cultura en España. Nos planteamos un escenario intermedio, que no esté marcado por un sesgo catastrofista o triunfalista, sino más bien, por una vía intermedia. Para tratar de construir este escenario, hemos tratado de pensar la evolución de 6 variables sanitarias, sociales, económicas y políticas. Una de ellas, la evolución de la pandemia, destaca por encima de las otras y es también, la menos controlable por una sociedad que acaba de redescubrir la fragilidad de sus bases. A continuación, estas variables, acompañadas de una breve descripción para entender su valor:

La evolución de la pandemia: Esta variable condicionará seguramente el desarrollo de todas las demás. Es claro que conforme más estabilizada se encuentre la propagación del coronavirus, mejores sean los sistemas de atención y surjan tratamientos efectivos y una posible vacuna, menor incidencia tendrá. No obstante, apenas estamos comprendiendo la naturaleza del covid-19 y por lo tanto, la palabra clave asociada a este elemento es una: incertidumbre.

Actitudes sociales: Durante semanas, la sociedad ha estado expuesta a mensajes que posicionan el distanciamiento social como regla preventiva fundamental para tratar de contener el virus. Su posicionamiento ha sido potente y posiblemente, condicione la vuelta a cualquier actividad fuera del hogar. Es de esperarse que retornemos siendo individuos más cautos, conformes, respetuosos de las convenciones, afines a lo seguro, temerosos de los extraños y recelosos de las aglomeraciones y la vida pública. Este fenómeno tiene explicaciones en nuestra propia naturaleza, pues es parte de lo que algunos especialistas, como Mark Schaller, de la Universidad de Columbia Británica, denominan el sistema inmunológico de conducta, reacciones inconscientes que actúan como una primera línea de protección mental frente a patógenos. Es previsible que estas alarmas originadas en nuestra propia mente se reflejen en el exterior temporalmente, y por ende, prefiramos la realización de actividades que impliquen el menor contacto posible con desconocidos, y en caso de ser una opción, se haga en espacios controlados y con amplio respeto a las sugerencias y normativas que se impongan preventivamente para disminuir los riesgos de contagio.

Medidas en materia de prevención de contagios: Por otro lado, también es claro que el retorno a la normalidad va a ser un proceso paulatino, en el cual las autoridades nacionales, autonómicas y locales tendrán mucho que decir. Por un lado, estarán las normativas sanitarias, que extenderán su alcance a todos los sectores de la sociedad; mientras por otro, se hallan las políticas públicas para atender al sector (que señalaremos más adelante). En el primer aspecto, es casi un hecho que las actividades culturales no podrán reanudarse de la misma forma en que lo harán otros sectores productivos. Son varias las informaciones que han recogido diversos medios de comunicación en torno a que el sector de las industrias culturales posiblemente no se reactive de forma completa hasta finales de año. En el caso de aquellas que pudieran abrir sus puertas en las próximas semanas, está claro que lo harán bajo importantes limitaciones en aspectos tan relevantes como el aforo, la distribución/distancia del público/trabajadores y la operatividad en los espacios, ya sean estos abiertos o cerrados. Éstas y otras medidas originadas en la prevención sanitaria impactará directamente en las dimensiones del público asistente, de las labores de producción y en las posibilidades de facturación y volumen de negocio de buena parte del quehacer del sector creativo.

Restricciones económicas: Prácticamente todos los analistas coinciden en señalar que la crisis económica que el sistema internacional tendrá que enfrentar en el marco de la pandemia del coronavirus será de una magnitud solo comparable a la de otros acontecimientos históricos como la gran depresión de 1929 o las guerras mundiales del siglo XX. Se estima que la recesión económica para este año podría incluso alcanzar los dos dígitos. Los niveles de destrucción de empleo observados en las últimas semanas en España han sido calificados como entre los peores en la serie histórica de las últimas décadas. El poder adquisitivo del consumidor promedio se verá afectado de forma negativa, trayendo consigo una caída en la demanda de prácticamente todos los bienes y servicios disponibles en la sociedad. Los especialistas han indicado que el sector de la cultura será uno de los más afectados, ya que en un esquema de restricciones presupuestarias familiares, se preferirá cubrir las necesidades primarias (Vivienda alimentación y salud) o ahorrar ante posibles contingencias, dejando entre las acciones menos prioritarias la adquisición de bienes y servicios de entretenimiento, cultura y ocio.

Intensivo consumo de contenidos online: Ante la ausencia de alternativas al uso convencional durante la cuarentena, las pantallas se han convertido en el medio a través del cual nos hemos acercado a la acción cultural. Esto permitió a buena parte del del público descubrir una oferta que para muchos había pasado de forma desapercibida. Si bien no es equiparable, al igual que ha sucedido con el sector audiovisual y en menor medida musical y discográfico, es posible que la continuada e intensiva exposición a los contenidos y formatos digitales en otras disciplinas del quehacer cultural puedan generar nuevas perspectivas y patrones para el consumo de este tipo de bienes y servicios como alternativa novedosa y real frente al consumo convencional. Igualmente, la ágil, masiva y solidaria respuesta a través de las redes, dada por los creadores culturales ante el confinamiento, puede dejar rastro en la memoria colectiva, sensibilizando a las audiencias, lo cual podría generar un sesgo positivo hacia nuevas propuestas en línea (incluso de pago) y ante los reclamos que el sector haga ante terceros.

Disposición de apoyo desde la esfera pública: Más allá de las medidas socio-económicas generales y extraordinarias que se adopten desde las Administraciones Públicas, también será importante estar atento a la disposición que tendrán las autoridades nacionales autonómicas o locales para generar políticas públicas de apoyo a las industrias creativas en los próximos meses. Algunos países europeos que han señalado que aplicarán a paquetes de medidas para beneficiar a las diversas entidades culturales de forma que puedan sortear los problemas que ha generado la pandemia para el sector. Contar o no con el apoyo del Estado a todo nivel puede significar la creación de condiciones más favorables (o no) para el desarrollo tanto de los servicios convencionales como de aquellos que surjan en el marco del actual estado de las cosas. Planes claros y bien estructurados, que trasciendan lo declarativo y se adapten firmemente realidad, serán fundamentales para incrementar el marco de seguridad jurídica y financiera en el que se pueda desarrollar el area en el corto y mediano plazo.

Asumimos plenamente que existen muchas otras variables que pueden afectar el futuro de las industrias culturales. No obstante, la evolución de estas grandes categorías puede ayudarnos a ver si vamos camino a la reactivación o a la depresión del ecosistema creativo. Es a partir de estas variables que trataremos de establecer algunas tendencias que podría caracterizar nuestro escenario intermedio, en el que se logre superar la crisis, aunque tras un largo esfuerzo -no exento de pérdidas- en el que las sinergias, la reformulación y reestructuración de los modelos de negocio, las definición de nuevas relaciones con las audiencias, el mayor uso de recurso y estrategias online y un papel solidario del Estado serán fundamentales para lograrlo.

1 Comment
  • Herbert
    Posted at 01:26h, 19 mayo Responder

    Excelente artículo, Alex. No te detengas en pro de la cultura. La humanidad entera te lo agradecerá…

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