Culturia Profana

Consumo digital de la cultura Una oportunidad para afrontar la crisis del sector

Consumo digital de la cultura: Una oportunidad para afrontar la crisis del sector

Puertas de los museos cerradas. Fiestas tradicionales pospuestas. Estrenos de cine cancelados. Lanzamientos musicales afectados. Festivales con un futuro incierto. Esa es la situación que está viviendo no solo España en la actualidad, sino la inmensa mayoría del planeta.

Nos encontramos en un momento en el que la propagación del COVID-19 ha colapsado el mundo entero, perjudicando en todos los aspectos posibles del día a día, apostando por el confinamiento como precaución y obligando al cierre temporal de negocios.

Según el Ministerio de Cultura y Deporte, en 2019 el sector cultural sumó un 3,2% al PIB, lo que se traduce en 40.000 millones de euros

Ante la nueva situación que se ha generado y teniendo en cuenta estos datos, la suspensión de los servicios normales que ofrecen espacios como cines, teatros o museos, supone una pérdida para el país de aproximadamente 3.000 millones de euros[1] en tan solo un mes, cifra que aumentará si la situación perdura en el tiempo.

Concretamente, el estado de alarma ha supuesto que programaciones museísticas se vean alteradas, como ejemplifican las grandes exposiciones programadas en museos como el Thyssen o el Prado. En este último caso el mismo director de la institución, Miguel Falomir, lanzó un comunicado explicando cómo la muestra Invitadas se pospondría hasta que la situación mejore. Un mayor clima de incertidumbre hay en relación a la exposición de las Poesías de Tiziano en la National Gallery de Londres, con tan uno solos días desde su inauguración cuando se anunció el cierre de la galería, y con un itinerario europeo calendarizado a partir de verano.

En este caso, son muchos los museos que ofrecen su colección online, y el cine ha encontrado una posible solución en la venta digital o el uso de las plataformas de streaming, como ha ocurrido, respectivamente, con la recién estrenada El hombre invisible[2] o el preestreno del último filme de Xavier Dolan, Matthias & Maxime[3].

Ante este contexto se han generado múltiples propuestas e iniciativas que han visto la luz en las últimas semanas en las redes sociales: festivales de música, recitales de poesía, disponibilidad de recursos digitales de manera gratuita, visitas virtuales, etc. Muchas otras solo se han visto reforzadas en su difusión, pues ya existían. Pero lo destacado es que todo ello ha tenido un fin y un valor social muy importantes, ligados ambos a lo que hasta hace menos de un mes y diariamente se hacía con normalidad: estar a disposición del público.

Llegados a este punto todos nos planteamos la siguiente cuestión: ¿se ha detenido realmente la industria cultural? A simple vista la respuesta sería sí, ya que las puertas de las salas, centros o instituciones están cerradas, pero esto no es del todo cierto, pues el refrán que reza “cuando una puerta se cierra, otra se abre” cobra un verdadero sentido en este contexto.

Podemos decir que la industria no se ha detenido, sino que se encuentra ante el reto de encontrar los mecanismos digitales y las ofertas que posibiliten una actividad sostenible en tiempos de crisis.

Por ejemplo, el Festival de Málaga, previsto para el pasado mes de marzo y suspendido temporalmente, ha reaccionado en tiempo récord y ha presentado su área de industria (MAFIZ) de manera virtual, adaptándose a las nuevas circunstancias y sin frenar su actividad y cometidos, que en este caso responden a la búsqueda de financiación de filmes, más necesario que nunca ante el incierto futuro.

Y es que este futuro del que hablamos no contiene la realidad como la conocíamos hasta ahora, e incluso la vuelta a la absoluta normalidad va a tardar en producirse. Ante la espera de las medidas que aplicarán los gobiernos, cabe la posibilidad de que visitar exposiciones o acudir a conciertos y salas de cine con normalidad no cuenten con las facilidades que hasta el mes de marzo ofrecían para el público que desease hacerlo. El panorama actual parece indicar que el sector cultural va a ser uno de los grandes afectados en esta crisis[4], pero, igualmente es cierto, que hay una oportunidad de aprovechamiento en los cambios de vida y rutinas que se están dando. Si bien el consumo online ya era un referente en los últimos años debido a las plataformas de streaming o servicios editoriales digitales, su impacto en otras áreas como las artes dramáticas o las bellas artes era más bien limitado. La forzada reducción de la oferta y demanda convencionales de servicios y contenidos culturales a raíz del confinamiento ha disparado las cifras del uso de fórmulas en línea para disfrutar de prácticamente todas las áreas del quehacer creativo[5].

En este sentido, el sector cultural se encuentra en una compleja situación, inmerso en una necesidad de afrontar, nuevamente, una amenaza de crisis, mientras se adapta a las circunstancias y evoluciona hacia una nueva forma de posicionar sus servicios. Aunque se desconoce el alcance de esta crisis en los hábitos de la sociedad, sí podemos prever que, conforme se extiendan las limitaciones por el confinamiento, las audiencias se familiarizarán y tomarán cada vez más en serio las propuestas online en materias estética, formativa y de entretenimiento, y más tardarán en volver a lo que denominemos cotidianidad.

Es claro que la sociedad quiere salir -aunque con recelo- a retomar los espacios públicos, pero no es menos cierto que ha descubierto que tiene, al alcance de un clic, una cantidad relevante de actividades. Es posible que estas circunstancias obliguen a los gestores, artistas e industrias del sector a tomarse más en serio el impacto de los recursos y herramientas telemáticas, replanteando su relación con las pantallas y las redes sociales, generando proyectos que las asuman como plataformas primarias de intercambio y creación, buscando nuevos mecanismos para hacer sostenible y rentable su propio quehacer. El resto del 2020 será una excelente oportunidad para ver si este fenómeno en el consumo y producción digitales se consolida o, simplemente, es el resultado de una coyuntura.


[1] RIAÑO, Peio H., “La industria cultural perderá casi 3.000 millones de euros en un mes de parálisis por el coronavirus”, El País, Madrid. Consultado el 27 de marzo de 2020 en https://elpais.com/cultura/2020-03-14/la-industria-cultural-perdera-casi-3000-millones-de-euros-en-un-mes-de-paralisis.html.

[2] BELINCHÓN, Gregorio, “Hollywood empieza a adelantar sus estrenos ‘online’ por el coronavirus”, El País, Madrid. Consultado el 27 de marzo de 2020 en https://elpais.com/cultura/2020-03-17/hollywood-empieza-a-adelantar-sus-estrenos-online-por-el-coronavirus.html.

[3] ROMERO, Miguel Ángel, “‘Matthias & Maxime’ (Xavier Dolan) estará disponible durante 48 horas en Filmin antes de su estreno”, Cinemanía (20minutos). Consultado el 6 de abril de 2020 en https://cinemania.20minutos.es/noticias/matthias-maxime-xavier-dolan-filmin-estreno/.

[4] “El coronavirus contra la cultura”, El País, Madrid. Consultado el 28 de marzo de 2020 en https://elpais.com/cultura/2020-03-27/el-coronavirus-contra-la-cultura.html?utm_source=Twitter&ssm=TW_CM_CUL#Echobox=1585383875.

[5] REFOJOS, María, “Teletrabajo y ocio disparan el consumo de Internet: ¿están las redes preparadas para el coronavirus?”, elPeriódico. Consultado el 6 de abril de 2020 en https://byzness.elperiodico.com/es/innovadores/20200319/coronavirus-teletrabajo-ocio-consumo-internet-preparados-7895752.

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