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INFORME DE LA ACTIVIDAD “Cultura Y Covid19 – Espacio Público ¿Nuevas Interacciones?»

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Creative Commons (CC)

Culturia Innovación Social, en el marco de su línea de trabajo de investigación y dinamización social, realizó, el viernes 15 de mayo de 2020, el encuentro participativo online “Cultura y covid-19 Espacio público ¿Nuevas interacciones?”, que se efectuó a través de la plataforma Zoom. La sesión, que se desarrolló a lo largo de una hora y 30 minutos, culminó con la construcción de conocimientos de manera colaborativa con los participantes interesados.

La actividad forma parte de la adaptación online de nuestro formato “Entre Comillas”, una dinámica que parte de la premisa de acercar y abrir un canal de participación social, que permita poner en palabras nuestras inquietudes y pensamientos, promoviendo la creación y difusión colectiva de conocimiento, a través de un diálogo lúdico y respetuoso entre entendidos de la temática a desarrollar y la sociedad.

Como cierre de este primer ciclo de encuentros, os enviamos una breve encuesta que nos permitirá poder elaborar documentos educativos, de análisis y reflexión, que pondremos a disponibilidad de todos.

ENCUESTA CULTURA Y COVID19

Vídeo de la actividad

Culturia | Innovación Social – Canal YouTube

“La acción cultural en espacio público, en vilo”

El coronavirus llegó para mostrarnos nuestra fragilidad como sociedad. Esta sensación se ha vuelto más patente en una de las máximas creaciones humanas: la ciudad. Su elevada concentración de población ha facilitado la propagación del virus. Algunos datos pueden ayudarnos a comprender la vulnerabilidad de nuestra nación frente a la pandemia. Un estudio de la Universidad de Shefield en 2018 indicaba que la población española residía en apenas un 13% del territorio nacional y que 23 de las 33 zonas más densas de Europa se encontraban en nuestro país. Esto configura un escenario favorable para el contagio rápido de enfermedades.

Para contener la propagación del covid19, las medidas de distanciamiento social se aplicaron con énfasis en los centros poblados. En el cumplimiento de la medida, mucho ayudó que el 70% de los españoles tuviera miedo a contraer la enfermedad, según el estudio de la Universidad Europea de Madrid, que también indica que el 50% siente ansiedad al estar en la calle.

Así, no movernos de casa (o hacerlo muy poco y dentro del barrio) se convirtió en la práctica habitual. La caída de 84,7% en el uso de transporte público de Madrid es un buen indicador de esto. En este sentido, las expectativas a futuro también han variado: 20% de los españoles dejarán de usar el transporte colectivo urbano y se trasladaría en vehículo privado a su trabajo en el post-confinamiento. Esto no implica necesariamente una vuelta al coche propio. Otras cifras nos dan idea de que está sucediendo en este sentido: se ha incrementado en 300% el uso del carril bici en las ciudades y en 200% las suscripciones en app de coche de alquiler o patinetes. Reducir nuestros traslados y hacerlo evitando el contacto con otros parece que será una tendencia en la nueva normalidad.

Este contexto de recelo por la calle, miedo al contagio, medidas sanitarias y poco deseo por usar el transporte público es parte de lo que marcará, por un tiempo, nuestra relación con la calle. Esto afectará de manera muy sensible a aquellas actividades culturales que usaban el espacio público como soporte, particularmente en verano.

Este importante sector había tenido su mejor año en 2019: los 30 principales festivales musicales convocaron a casi 4 millones de usuarios en sus más de 2500 presentaciones; acciones como Veranos de la Villa en Madrid crearon un movimiento de 115.000 usuarios alrededor de 35 espacios de toda la ciudad, mientras cientos de manifestaciones y festejos populares tomaban las calles de pueblos y ciudades (por ejemplo, 62 eventos de este tipo se celebraban en Madrid desde abril hasta octubre de este año). Todo esto está hoy en vilo, con programaciones suspendidas por autoridades y con una audiencia temerosa de los espacios abiertos.

Esta nueva normalidad que se nos viene nos obligará a replantearnos varias cosas respecto a nuestra relación con calles, plazas, parques, ciudad, campo, en fin, con nuestro entorno vital. Y a este debate, además, queremos agregar un elemento: el hecho cultural y su papel como contenido de esas zonas abiertas.

«Podemos diseñar una ciudad nueva, reinventar nuestros movimientos en coalescencia de organismos distintos que performan a la vez»

 La somática aplicada a la arquitectura se encarga de estudiar el operar del ser vivo, presta atención a cómo hacemos lo que hacemos y constituye un manual de instrucciones fundamental para quien construye entornos. Esta mirada a la hora de analizar y plantear escenarios futuros nos remite a rescatar aspectos que sucedían antes de la pandemia dónde el espacio público y los cuerpos tenían una relación poderosa en cuanto a efectos políticos, sociales y performativos.

Durante el confinamiento, al vetarse el acceso al espacio público, el sentido de colectividad se vio manifestado por la performance de los aplausos a las 20hs, es decir hacer todos juntos algo a la vez como si de un solo cuerpo se tratara. De la mano del espacio público es posible transformar radicalmente las ciudades, en este sentido el contexto actual nos sirve como laboratorio donde se observa que los ciudadanos buscamos relacionarnos entre nosotros, pero también con otros organismos vivos.

El cierre de los parques en Madrid permitió que la red de descampados se convierta en el laboratorio de ensayo del espacio público futuro. Las superficies amplias sin caminos prediseñados permiten que las personas pueden coreografiar de manera informal sin coincidir en los mismos caminos, se relacionen con elementos vivos y configuren una idea de co-diseño del medioambiente público. 

«Las ciudades se construirán desde los barrios, desde la mirada respetuosa por el territorio»

Será de importancia el aspecto emocional en las propuestas urbanísticas ya que determina nuestra percepción de la ciudad. En el ámbito del espacio público la única solución será ampliar el número de espacios disponibles y su gestión en común. No podemos mantener los supuestos previos a la situación porque la ciudad no será como antes en este sentido la solución de movilidad en la ciudad deberá ser el transporte público colectivo que en este momento afronta el triple desafío de asegurar la rapidez, seguridad y respeto por el medioambiente.

Las tendencias y respuestas actuales hacen énfasis en el concepto de ​ciudad de 15 minutos que implica que en este período de tiempo tengamos acceso a la mayoría de nuestras necesidades y concebida como opción viable en el medio o largo plazo que ratifica la movilidad en el entorno próximo. Estamos ante el complejo desafío de equilibrar las tensiones que el espacio público genera y trabajar para que su alcance sea mayor, lo compartan más personas, lo construyamos entre todos y genere libertad con altos niveles de seguridad personal y sanitaria. 

 «Es el momento de la reinvención en la organización de eventos a partir de la digitalización que garantice la posibilidad de monetizar» 

En la situación actual no podremos utilizar los espacios públicos para acciones culturales como antes, será preciso reinventar las modalidades de festivales como el Pride con carácter celebrativo y reivindicativo de calle. En este momento es importante la visión realista y las características de este tipo de celebraciones deben considerar un nuevo aspecto como es el factor miedo a salir a la calle y a las aglomeraciones. Para afrontar la situación es necesario diseñar un plan que permita digitalizar la realización y reducir aforo para dar garantía de seguridad a los asistentes. 

Será clave la posibilidad de monetizar los eventos digitalizados y evaluar la disposición de la gente a pagar por esta modalidad y de las marcas para patrocinarlos. En la misma línea la limitación de aforo va ligado a la rentabilidad económica, tanto promotores de espectáculos cómo Ayuntamientos estamos considerando la realización de eventos de entretenimiento y ocio en espacios con superficies más pequeñas. El sector cultural deberá evaluar la posibilidad de que un artista realice más espectáculos y otros formatos para garantizar beneficios económicos.

“El reto de reconvertir los eventos masivos y contar con público suficiente como para tener el impacto y rentabilidad necesarios”

No hay buenas noticias para las actividades festivas en el espacio público. Ahora mismo no podemos dar una fecha para la reactivación de este tipo de actividades. La realidad es que no tenemos una cura para la covid-19, no tenemos una vacuna y sólo un 5% de la población se ha contagiado. Con estos datos, es muy difícil pensar que hemos dominado a la enfermedad y mucho menos, podemos sentirnos cómodos en el espacio público. Esto último es particularmente importante, pues, más allá de la normativa sanitaria, nos encontraremos con audiencia menos dispuestas a participar en eventos que impliquen grandes aglomeraciones.

Algunos gestores y productores ya están planteando una adaptación de nuestras actividades a esta nueva normalidad. Muchos están apostando por reconvertir los eventos masivos y ejecutarlos a través de acciones de menor dimensión, incluyendo en esto un menor aforo. Esto es un reto, pues es posible que sea necesario hacer más actividades o usar espacios más amplios que permitan llegar a un número de espectadores suficientes como para alcanzar los umbrales de impacto y rentabilidad necesarios.

La digitalización se plantea como una opción, pero sólo será viable cuándo se pueda monetizar, es decir, en el momento en el que la gente lo valore como suficientemente atractivo como para tener la disposición a pagar por este tipo de servicios en línea. Esto no es solo un tema de contenidos interesantes, sino de herramientas tecnológicas que permitan garantizar una calidad, interactividad y emotividad al usuario desde lo online.

La crisis también nos permite plantearnos opciones novedosas, en las que repensamos ciertos espacios restringidos, como podrían ser azoteas, balcones o descampados, para transformarlos en lugares que pudieran convertirse en espacios de encuentro y expresión controlados pero útiles.

“Ver al espacio público no como un problema, sino como un lugar desde el cuál diseñar soluciones para lo que se está viviendo”

Ciertamente, la evolución histórica ha ido concentrando usos y servicios en las zonas del centro de las ciudades. No obstante, también es cierto que la vida moderna ha llevado a la conformación de conglomerados polinucleares. Esta realidad puede ser aprovechada y potenciada, para descentralizar, descongestionar y revitalizar esos otros lugares menos usuales en su uso como soportes para el hecho cultural.

La crisis del covid19 brinda una buena oportunidad para tratar de redescubrir la ciudad desde el barrio. Ya había propuestas que avanzaban en el sentido de trasladar el centro de gravedad de las actividades culturales desde los espacios habituales (generalmente ubicados en el centro de las urbes) hacia distintos puntos distribuidos por todo un municipio.

La investigación sobre estos puntos no convencionales permite plantear nuevas alternativas para su uso, en particular, si se busca reactivarlos desde puntos de vista que no son los habituales. Si esto se combina con un proceso ciudadano de exploración y redescubrimiento, los resultados pueden ser excitantes para artistas, gestores y audiencias.

En estas nuevas dinámicas, es importante hacer hincapié, nuevamente, en implicar a los agentes locales. Desde marzo, se ha puesto de manifiesto una inteligencia colectiva que funciona para dar respuestas frente a determinados problemas sociales surgidos durante el confinamiento. Estas crisis también hacen que afloren ciertas características de nuestro imaginario sobre el entorno. Hay que valorar estos contenidos simbólicos como información y recursos para la arquitectura y el urbanismo. Hay muchas redes y conocimientos que se han ido tejiendo en estas semanas, los cuales hay que aprovechar, pudiendo ser idóneo imbricarlos en la acción futura sobre las áreas abiertas de sus barrios y ciudades.

Hay muchas maneras de intervenir los espacios, no sólo a través de reformas o construcciones, sino también de acciones que faciliten nuevas aproximaciones y generen una nueva conexión emotiva con los vecinos. En los ejercicios para replantear la utilidad de un lugar, existe una tensión entre su preservación y la intensidad de su uso. Si hubiera que dar una respuesta, se debería apostar por incrementar el uso y con él, su valor social y peso en el imaginario, pues seguramente, esta nueva apreciación colectiva conllevará a un mayor cuidado del área en cuestión.

En medio de esta crisis, tenemos que ver al espacio público no como un problema, sino como un lugar desde el cuál diseñar soluciones para lo que se está viviendo. En este sentido, ya se había avanzado en propuestas que transformaban estas áreas en zonas para la convivencia o soportes para la generación de estrategias sostenibles (para mitigar o concienciar sobre el cambio climático, por ejemplo). Esta es un enfoque particularmente importante que podrían tomar en cuenta las Administraciones Públicas y la Sociedad Civil a la hora de replantear el accionar en áreas abiertas.

Debemos tener cuidado con la tentación de pensar que debemos pensar las ciudades desde 0. Éstas ya tienen un recorrido y unas características, que muchas veces tienen su origen en situaciones o condiciones que no son las del mundo actual, pero que está arraigadas en ellas. Estamos hablando de zonas que funcionan más como un multiverso, con muchas capas y elementos en juego. Su construcción debe ser realizada por muchas manos y pensando no solamente en el presente, sino también en los habitantes del futuro.

“El esfuerzo de muchos agentes para complementar las partituras de nuestros espacios públicos y ciudades”

Como sociedad debemos asumir que nos enfrentamos a una nueva normalidad, que ha llegado para quedarse por más tiempo del esperado. Este contexto diferente, originado por la irrupción del covid19, nos ofrece también la oportunidad de complementar las diversas partituras que componen nuestras ciudades. La respuesta ante esta coyuntura podría (y debería) hacerse tomando en cuenta a muchos actores, dando especial énfasis al barrio como espacio y conglomerado social prioritario para la investigación, exploración y acción en espacio público. Los agentes locales, su inteligencia colectiva y sus idearios son recursos cruciales para generar propuestas más efectivas de mejora de nuestro hábitat y de nuestra calidad de vida. La carga emotiva que puedan desarrollar la población hacia sus espacios es importante para incrementar su valor, preservación y uso.

Este marco debe servir como referencia para el planteamiento de acciones en espacio público en el tiempo por venir, complementándolo con respuestas ante las necesidades de seguridad en materia de salud (distanciamiento social incluido) y el impacto que estas tendrán en la movilidad y en los aforos.

A esta ecuación, se le agrega la sostenibilidad de la acción cultural en espacio público bajo estas condiciones, resultando imprescindible la evaluación del interés de las audiencias en asistir, consumir y pagar este tipo de actividades, es decir, la capacidad de monetizar y de hacer rentable lo planteado.

Estamos ante un momento que obliga a gestores, productores, artistas, urbanistas, arquitectos a reinventarnos, a buscar alternativas y oportunidades, en las que debemos ir muy de la mano con ciudadanos/audiencias para codiseñar el espacio público, no sólo como soporte del arte o del entretenimiento, sino como espacio para vivir y disfrutar la ciudad.


Ficha de la Actividad

Encuentro Participativo
“CULTURA Y COVID19 – ESPACIO PÚBLICO ¿NUEVAS INTERACCIONES?”
Fecha: 15 de mayo 2020
Hora: 18:00 – 19:30 pm
Vía: Zoom App
Ponentes Invitados: María Auxiliadora Gálvez Pérez, José Francisco García, Ferran Poca, Uriel Fogué | Moderador Invitado: Ramon Colom
Participantes registrados: 94

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