Culturia Profana

TENDENCIAS EN LA CULTURA

Un acercamiento a las tendencias en el quehacer cultural de los próximos meses

Las industrias culturales ante el reto de sobrevivir
(Parte 3)

Parece evidente que las tendencias que se observarán en los próximos meses respecto a las variables que hemos mencionado anteriormente, a excepción del consumo online y la solidaridad de los entes público, serán -a priori- negativas para las industrias culturales en la mayoría de los casos. No obstante “el espectáculo debe continuar“ y tanto los artistas como los técnicos y gestores culturales deberán planificar y ejecutar acciones productivas que garanticen el sustento de negocios, trabajadores y familias vinculadas con el sector. Si bien el panorama se presenta como poco alentador, resulta necesario buscar los medios y prácticas para sobrevivir a la crisis que ya nos envuelve. En el marco de esta premisa, se pasa a mencionar algunos elementos que podrían darse en un escenario intermedio, en el que se estabiliza la pandemia en España, las audiencias van volviendo paulatinamente al espacio público y consumen alternativamente contenidos presenciales y online, las restricciones de origen sanitario se van flexibilizando con el pasar de los meses, se fortalece la producción, distribución y monetización de propuestas online y los distintos niveles de gobierno (nacional, autonómico y local) promueven políticas públicas de calado para apoyar al sector.

Incertidumbre: Esta será la característica invariable de todo escenario. Es casi seguro que los gobiernos, empresas y proyectos no incluyeran entre sus amenazas a la paralización de la economía por una pandemia. Si bien habían voces que advertían que esto podía suceder (Bill Gates es el más célebre profeta de esta tragedia), es cierto que ha tomado desprevenida a prácticamente toda la humanidad. Apenas estamos comprendiendo el alcance de esta nueva dinámica. Ante un contexto errático, las entidades culturales deberán estar atentas a los cambios y medidas que se vayan generando en el mismo y tendrán que contar con un alto nivel de flexibilidad y de adaptación a las circunstancias volátiles de los próximos tiempos. Como siempre, estas importantes variaciones podrán originar amenazas, riesgos, retos e incluso oportunidades que habrá que reconocer ágilmente, para poder generar respuestas que permita la sobrevivencia en esta situación cambiante, marcada por los procesos y las tomas de decisiones (a todo nivel) que acompañen a la evolución de la pandemia.

Sinergias: Es posible que se dé un proceso de acercamiento y de incremento de la interrelación e interconexión entre los diversos actores del ecosistema cultural. La necesidad de unir esfuerzos para disminuir costos, el intercambio de habilidades para consolidar nuevos proyectos y el apoyo para incrementar el impacto de las acciones realizadas, debería ser un lugar común en el porvenir. Estos ejercicios de encuentro entre creadores, técnicos, gestores e instituciones vinculados al ámbito cultural, no solo permitirá la generación de actividades y programaciones mejor adaptadas a las nuevas circunstancias, menos riesgosa desde un punto de vista económico, sino podría traer consigo un mayor fortalecimiento del sector como grupo de presión de cara ante las diversas instancias públicas y privadas. Algunos pensadores como Timothy Snyder, Fernando Aramburu o Michel Wieviorka indican que esta tendencia a la colaboración y asociación solidaria será uno de los cambios más profundos que se dé a lo largo de toda la sociedad como consecuencia del coronavirus.

Organizacidad y solidaridad: En línea con esto último, no sería raro que en los próximos meses veamos el surgimiento o el fortalecimiento de clusters, asociaciones, alianzas y demás mecanismos que permitan la agrupación de intereses en el marco de oportunidades de negocio o de la actuación colectiva frente a las autoridades. Como ya mencionamos anteriormente, diversos analistas han señalado que esta tendencia a incrementar los mecanismos de comunicación y de organización a lo interno, no solo se producirá en el sector cultural sino en la mayor parte de los sectores sociales económicos e incluso políticos a nivel nacional e internacional.

Una posible nueva relación con las audiencias: El actual escenario de incertidumbre y la necesidad de afinar las propuestas y servicios en los diversos campos de las industrias culturales, obliga a entender de manera más detallada a las audiencias a las cuales vamos a dirigir estos nuevos bienes y servicios. Definir, investigar, caracterizar, conocer los canales de acceso y consumo y la magnitud de nuestro público objetivo seguramente se convertirán en objetivos y componentes importantes de las propuestas más exitosas de la etapa por venir. El uso de herramientas de estudio y análisis de la Big data, la aplicación de algoritmos y la utilización de herramientas digitales podría combinarse con prácticas participativas, co-creativas y/o de intercambio directo entre creadores y público. Las prácticas y modelos de negocio resultantes de este match podrían extenderse por el todo el ecosistema productivo cultural.

Reformulación y nuevas propuestas: A pesar de las limitaciones que se harán patentes en los próximos meses, también es posible que observemos múltiples procesos de generación de prácticas innovadoras en materia cultural. La renovación o reinvención de aspectos relevantes de determinados modelos de negocios propios de las disciplinas y áreas que integran a las industrias culturales podría ser una tendencia que permita, a organizaciones y autónomos del sector, generar ingresos para sobrellevar el vendaval. Fórmulas que permitan aprovechar al máximo los aforos reducidos, incrementar las actividades formativas en línea, el aumento de actividades experienciales individuales o para grupos muy acotados, el desarrollo de propuestas que tengan como nuevo escenario el hogar, promociones relacionadas con el pago de alternativas de disfrute a futuro y, en particular el aprovechamiento de las pantallas como nuevo medio para la creación, difusión y promoción de contenidos podrían ser prácticas usuales a disposición de las audiencias por el resto del año.

Mayor uso de los recursos online: Esta última idea, es de las que cobra más fuerza luego del confinamiento. El uso de los recursos digitales tales como plataformas, aplicaciones, redes sociales, desarrollos a medida, entre otros, constituyen una de las alternativas más valiosas para el área hoy en día. Si bien es muy difícil sustituir el nivel de conexión, concentración e incluso emotividad que lo presencial da a todo hecho cultural, es muy posible que las diversas disciplinas adapten su producción para que la misma pueda ser disfrutada cada vez con mayor calidad y proximidad a través de las redes. Así, lo que anteriormente resultaba un fenómeno complementario, publicitario o de registro -el desarrollo de contenidos digitales. Para ciertas disciplinas, puede pasar a convertirse en una parte medular de nuevos modelos de negocio que surgirán a mediano y largo plazo. En este sentido, no debería sorprendernos como los museos reinterpretan y relanzan buena parte de sus contenidos digitales, plantean nuevas modalidades expositivas online o piensan nuevas formas de acercarnos al análisis, el debate e incluso, la contemplación de las piezas exhibidas a través de las pantallas; o cómo los centros culturales y gestores realizan proyectos que impliquen un uso intensivo (o exclusivo) de herramientas virtuales para su desarrollo; cómo la salas de teatro ponen el foco en elementos de las artes escénicas que se adapten mejor al mundo de plataformas; cómo el cine genera propuestas de lanzamiento de películas de forma limitada en la salas convencionales y más amplia a través del streaming; cómo se agudiza el área de las OTT, cómo los festivales de todo tipo se reinventan a través de fórmulas online, o cómo se multiplican los mercados y las herramientas tecnológicas digitales para la compraventa de bienes, servicios o derechos relacionados con la creación artística.

Monetarizar la innovación: Para la industria, un gran reto no sólo es estudiar y generar fórmulas realizables, sino también crear maneras efectivas de monetizar este nuevo esfuerzo productivo. Toca afinar los conocimientos y estrategias destinadas a garantizar el aprovechamiento económico de cada acción, en particular lo que tiene que ver con el entorno digital. Respecto a esto último, si bien los actores del sector tendrán al frente a una audiencia más familiarizada con los contenidos online, no es menos cierto que, también son servicios que ha sido habitualmente disfrutados de forma gratuita por el público. Hacer entender a los consumidores que estos contenidos online también tienen un precio, es una resistencia a vencer. La labor pedagógica y de sensibilización en este sentido, deberá ser parte de los planes de negocios a diseñar por las entidades correspondientes.

El necesario apoyo del Estado: A pesar de la buena voluntad y el gran esfuerzo que se pueda dar, una buena parte de los trabajadores y entidades ligadas al quehacer cultural no tendrán las posibilidades o los recursos para adaptarse a un contexto tan difícil e incierto como el que se avecina. Gremios como el de actores, actividades como los rodajes cinematográficos, organizaciones como las pymes o aquellas con menor recorrido tendrán enormes dificultades para poder desarrollarse correctamente en los próximos tiempos. Ante este cuestionamiento, es necesario rescatar la importancia del papel del Estado como apoyo para estos grupos y en general, como generador de políticas públicas que faciliten el accionar de las industrias creativas y eviten su colapso. En Europa, países como Italia, Alemania y Francia se han embarcado en una ambiciosa y amplia estrategia para proteger a su sector creativo, entendiendo la vulnerabilidad que les caracteriza en esta coyuntura y asumiendo su valor social y económico para la nación. Aplicando como mínimo los criterios de la subsidiariedad y de apoyo a los menos favorecidos, el gobierno y las autoridades autonómicas y locales deberían plantearse acciones que permitan dar un piso para la transformación y generación de nuevas ofertas, colaborar con todo aquello cuya solución escape de las manos de la iniciativa privada y proteger a la parte más frágil del ecosistema. Estas medidas deberían surgir de un acercamiento por parte de las Administraciones Públicas a Gremios, patronales, sindicatos, asociaciones y demás organizaciones representativas del área, para establecer acuerdos y planes que respondan al nuevo contexto que se plantea.

Este compendio de ideas es un ejercicio de reflexión sobre una cuestión profunda y compleja, cuya problemática tiene aún más aristas, por lo que requiere la atención y vinculación de la mayor cantidad de actores relevantes posibles. La gravedad de las circunstancias implica que, se debe realizar un esfuerzo transversal para la creación de espacios para el diálogo, la generación de acuerdos y la implementación de soluciones rápidas, coherentes y sostenibles en el tiempo.

Si algo ha demostrado la crisis de coronavirus es la fragilidad de nuestra sociedad y los diversos sistemas que la componen y sostienen, por lo que, para poder superar la coyuntura, es necesario entender la necesidad de colaborar y ser solidarios, lo cual se debe combinar con creatividad y apertura ante el cambio y la innovación. Esto, aunado al tradicional esfuerzo que caracteriza a las industrias creativas, deberían funcionar como medios para cumplir el objetivo de superar los retos que en estos meses estará generando la pandemia. Aún cuando el horizonte se muestra poco prometedor, si todos las partes se comprometen a actuar diligentemente es posible evitar el declive del sector y transformar la crisis en un espacio para La creación y aprovechamiento de oportunidades.

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